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Crítica: ‘Akelarre’ una película que más que embrujar, revoluciona

Pablo Agüero quería reivindicar la historia de las brujas con 'Akelarre', pero provocó una revolución de pensamientos aunque termina por no atrapar a la audiencia

Por Karen Magallanes

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Crítica: ‘Akelarre’ una película que más que embrujar revoluciona

Crítica: ‘Akelarre’ una película que más que embrujar revoluciona - Cortesía (Especial)

El gigante del streaming estrenó en marzo Akelarre, una película que buscaba reivindicar el origen e historia de las brujas, y contar desde otra perspectiva, lo que en realidad sucedía en su época, sin tanta publicidad, pero con muchas expectativas encima. Así fue como el filme premiado en los Premios Goya 2021, llegó a Netflix, aunque algunos lo consideraron bastante decepcionante, sin embargo, en ese mismo sentido, habría que aclarar muchos detalles.

Estamos frente a una producción de Pablo Agüero, poniendo en escena una historia de drama y “brujería”, porque, aunque se trata precisamente de un filme de las míticas brujas, no vemos conjuros, amarres, calderos, hechizos, maldiciones y tampoco muerte, y mucho menos vemos a ninguna de las protagonistas volar, a menos en su escoba, como señalan las antiguas creencias y supersticiones.

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Más allá de las críticas del público, que la han desfavorecido, Akelarre es un filme con muchos elementos bien colocados, una producción que merecía el éxito, pues su plan detrás de cámara es magistral, así como su argumento que puede parecer de momento, que te pierdes en la historia, pero con un poco de conciencia, como apunta el director, sobre el feminismo, bien podría entenderse de inicio a fin.

Básicamente la trama nos pone a cinco jóvenes que han desafiado la realidad de la época, en donde la mujer estaba bajo el yugo de la sumisión y los quehaceres domésticos, tejer, cocinar, y proveer por el hogar, mientras que los hombres hacían “el trabajo duro o pesado”, por lo que, cuando una mujer, era sabia o rebelde, se le acusaba bajo condena de ser servidora del Diablo.

Es así como la película de brujas, da inicio, con un metraje que nos mete en la vida de Ana (Amaia Aberasturi), María (Yune Nogueiras), Maider (Jone Laspiur), Olaia (Irati Saez de Urabain), Katalin (Garazi Urkola) y Oneka (Lorea Ibarra), quienes recorren los cerros mientras cantan una vieja canción que no todos conocen, pero que se relaciona a la marea y al trabajo de los marineros (ojo ahí que es importante).

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Aunque carentes de poder, las mujeres de esta historia, que nos traslada al País Vasco en 1609, son quienes dirigen el pueblo en ausencia de los hombres que se han marchado a trabajar al mar para aprovechar la temporada. Así, que en un poblado en el que los hombres se ausentan, resulta la época perfecta para que las mujeres, sobre todo jóvenes, se sientan en total libertad.

Las cinco jovencitas, aprovechan este periodo para organizar una fiesta en la inmensidad del bosque, en donde cantan, bailar y se emborrachan, todo parecía ser un secreto pero fueron descubiertas, ahora el comisionado del Rey, el juez Rostegui, las acusa de ser brujas y haber realizado un aquelarre para iniciarse como servidoras del Diablo, y ahí, es cuando hará todo lo posible por hacerlas confesar.

Sin mediar, las toma prisioneras, las torturará hasta hacerlas confesar cómo ha sido la ceremonia de iniciación y cuál es la intención de Lucifer para formarlas. Condenadas inevitablemente a la hoguera, idean el plan perfecto para prolongar su muerte hasta que los hombres regresen del mar y puedan ser salvadas.

Un metraje impecable y ritmo rápido

El metraje es impecable, avanza sin tropiezos y aunque la cadencia es de pronto lenta, resulta perfecta para no perder detalle, incluso, invita a las suposiciones y a la comprensión, puesto que el guion hará que identifiques la situación de las acusadas, con muchas otras que se viven en pleno 2021 que ha sido el año de su estreno en Netflix.

El juez Rostegui, no descansará hasta que ellas confiesen cómo es el Sabbath, la supuesta ceremonia de iniciación de las brujas. Anna, la líder del grupo, tiene el plan para hacerlo dudar, a través de la seducción, utilizando su libre sexualidad en incitando a la lujuria hasta al mismo sacerdote que es testigo firme en las declaraciones de cada una de las chicas.

Hasta aquí, la cadencia marcha lento pero perfecto, sin embargo, el ritmo es mucho más energético, lleno de elementos en las escenas y detalles que no podrías dejar escapar para comprender a fondo lo que ocurre en la escena final.

Definitivamente, Akelarre es una obra maestra que, si bien no muestra brujería, sí consigue el objetivo inicial: reivindicar la historia y pasado de las brujas, llevar un mensaje feminista a las audiencias de todo el mundo, en el que la mujer es libre, rebelde, toma decisiones, conoce su cuerpo, disfruta del placer, se ama, y respeta, pero sobre todo, que unidas, su fuerza es más poderosa y capaz de vencerlo todo.

Con un juez enloquecido por la sexualidad de Anna, habrá un gran tropiezo en la investigación, pero la libertad, dependerá no solo de su ingenio para convencerlo de cómo es el Sabbath, sino que requieren ayuda de otras dos mujeres clave en Akelarre: las servidoras de Rostegui.

Finalmente, son llevadas al bosque para demostrar que el Sabbath existe y es justo como ellas lo han descrito, la lujuria emana en la última parte y vemos a un juez desprotegido. Liberadas de sus cadenas, pero limitadas al precipicio, para que no tendrán escapatoria, y justo ahí, la más joven de las servidoras de Rostegui, comienza a cantar la canción (esa que les dije que no lvidaran), la misma que las “brujas” utilizaron para confundirlos y hacerla su himno.

La estrofa se refiere a que, en la última Luna Llena, antes de que los marineros regresen, la marea es alta, lo que da la idea de que pueden saltar al precipicio y salvarse por que la marea impediría que se estrellen contra las rocas. Así, saltan tomadas de las manos, pero a ojos de todos, se han ido volando, como auténticas brujas.

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Aunque al final el mensaje es ese, las brujas nunca fueron brujas, eran mujeres sabias, libres, e inteligentes, rebeldes, que se amaban, disfrutaban de su cuerpo, de su propia libertad, de ser, de su poder, confiaban en ellas y no se limitaban a los hombres. Por eso es que no vemos nada realmente del género de terror en escena.

Pedro Agüero ha puesto una de las mejores películas en Netflix, innovadora, rítmica, con vestuarios y peinados impecables, un guion magistral que merece ser aplaudido. Nos quedamos con la perfecta actuación de las seis protagonistas, con los perfectos movimientos corporales, el desafío y reto de la expresión corporal, paisajes adecuados para la época. Mucho de tortura, decenas de mensajes, nada de brujería y exceso de limpieza y conciencia moral.

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