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‘Yo soy todas las niñas’ un thriller que alza la voz ante el tráfico infantil

‘Yo soy todas las niñas’ es un thriller de Netflix que va más allá del entretenimiento, es un trabajo de denuncia social sobre el tráfico infantil en Sudáfrica 

Por Karen Magallanes

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‘Yo soy todas las niñas’ un thriller que alza la voz ante el tráfico infantil

‘Yo soy todas las niñas’ un thriller que alza la voz ante el tráfico infantil - Netflix (Cortesía)

Más allá del entretenimiento, la industria fílmica ha servido desde hace muchos años, para poder alzar la voz por quienes no han podido, además de visibilizar problemas sociales que merecen una profunda lucha y erradicación en el mundo. Películas, series y documentales han sido un camino de apoyo, como lo ha sido ‘Yo soy todas las niñas’ (I Am All Girls), el filme sudafricano que generó movimiento en Netflix.

‘Yo soy todas las niñas’ se estrenó en el catálogo de streaming de Netflix, más allá del éxito con que fue recibida, hay un tema del que tenemos que hablar y que agradecemos que se haya tocado de esta manera: el tráfico infantil. La película ha sido un eco de voz ante la problemática situación, y aunque la crítica para esta producción rosa entre lo regular, la realidad es que atreverse a tocar el tema, es aplaudible.

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El filme adquirido por el gigante del streaming, tiene su origen en el mercado cinematográfico sudafricano, por lo que no se asemeja mucho a los trabajos estadounidenses, españoles y latinos en el tema. Su historia sigue el camino del thriller enfocado a la importancia de las lucha y causas sociales, sobre todo, en una problemática de actualidad como es el tráfico de niñas y mujeres.

Aunque la película da voz a las niñas, como su nombre lo dice, en realidad refleja el calvario de millones de mujeres en todo el mundo. Este filme, combina varios escenarios, que van desde la investigación policial como un atractivo referencial de la historia, hasta la exposición con responsabilidad sobre un tema tan delicado como importante para esta región y otras en el mundo.

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Si bien, estamos frente a una producción que se va por la simpleza y que eso no ha sorprendido mucho a los especialistas, puesto que tampoco cuenta con muchos efectos especiales y sus escenas de acción no son deslumbrantes, su característica principal para haberse convertido en su momento en tendencia en Netflix, es su historia apegada a la realidad, un tema que involucra a las sociedades.

Hay algo rescatable, visibilizar la situación, es de suma importancia, no solo para poner en evidencia lo que sucede en el mundo, sino invitar a las audiencias a crear conciencia, y generar movimientos que lleven tanto a las sociedades como a los gobiernos, a intensificar la lucha por erradicar la trata, mejorar las condiciones de atención para con las víctimas y castigar bajo responsabilidad el delito.

Un tema complicado entre la realidad y la ficción

La trata y explotación infantil, no es un tema fácil de tratar, sobre todo cuando hay que visibilizarlo desde el realismo y no como un drama romántico que le quite puntos sobre sí, ‘Yo soy todas las niñas’, lo hace desde la conciencia, explicando cómo es el trasfondo y contexto del tráfico de mujeres, y un punto a su favor que muchos usuarios de redes sociales expusieron es que, el filme se aleja de ser morboso y explícitamente inadecuado, pero sobre todo, no intenta revictimizar a las mujeres.

Para variar, no estamos frente a un filme de ficción (aunque sí es una mezcla), sino como bien apunta, está basado en hechos reales, sobre la tragedia que enfrentan miles de mujeres en diferentes rincones del mundo. El director Donovan Marsh, lleva a la pantalla los hechos ocurridos en la ciudad de Johannesburgo durante 1994, cuando seis niñas fueron secuestradas en el apartheid sudafricano Gert de Jager (J.P. du Plessis), infortunadamente, nunca fueron halladas.

Sin embargo, en la historia real él sí fue aprehendido y después habría confesado que fue quien las secuestró, y no solo a ellas si no a muchas más ayudado de su pareja que era trabajadora del ministro del Partico Nacional, quien vendía a las niñas a un millonario en Medio Oriente, cuando ya no eran de su agrado, pasaban a colaborar en un prostíbulo. Una historia sumamente fuerte, pero cumple con el objetivo, concientizar y alzar la voz.

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